CRÍTICA BACKROOMS: CUANDO LA ESTÉTICA NO PUEDE SALVAR UN GUIÓN VACÍO
El fenómeno de internet de las Backrooms —esos espacios liminales, infinitos y angustiantes que poblaron nuestras pesadillas digitales— tenía todo el potencial para convertirse en la película de terror atmosférico de la década. Sin embargo, la adaptación que ha llegado a los cines este 2026 ha demostrado que tener un concepto visual potente no sirve de nada si, detrás de la cámara, no hay una historia que contar. Backrooms no es solo una decepción; es un ejercicio de pretenciosidad cinematográfica que confunde el vacío con la profundidad. Un envoltorio para "intelectuales" sin contenido Desde el primer minuto, la película intenta vendernos una atmósfera "artística". Los planos largos, el silencio sepulcral y la fotografía desaturada gritan a los cuatro vientos: "Soy una película para gente inteligente". Pero no se dejen engañar. Esta producción intenta desesperadamente parecer una pieza de terror existencial al estilo de A24, pero carece de la sustancia ...