CRÍTICA CINE: HOKUM. HORROR FOLCLÓRICO. ME HA ENCANTADO


El cine de terror contemporáneo vive en una constante batalla entre la sutileza psicológica y el impacto visceral. En este panorama, el director irlandés Damian McCarthy ha logrado consolidarse como un artesano del ambiente, alguien capaz de incomodar al espectador no solo por lo que muestra, sino por cómo se desvanece el silencio antes del grito. Tras sorprender a la crítica con Caveat y la aplaudida Oddity, McCarthy regresa este año con Hokum (2026), una propuesta que toma el título directo de un concepto fascinante: el truco, el sinsentido diseñado artísticamente para engañar o apelar a las masas.

​¿Es Hokum un mero truco de feria repleto de sustos predecibles, o estamos ante una de las experiencias más claustrofóbicas del año? La respuesta, de manera muy inteligente, se encuentra en un punto medio que juega constantemente con las expectativas del espectador.


Sinopsis: El peso de las cenizas y los secretos del hotel

​La premisa nos introduce a Ohm Bauman (interpretado por un extraordinario Adam Scott), un exitoso pero huraño escritor de novelas de misterio atrapado en el peor enemigo de un autor: el bloqueo creativo. Ohm arrastra un duelo reciente y una profunda culpa tras la muerte de su madre, cuyo fantasma cree haber vislumbrado brevemente en su propia casa. Buscando un cierre emocional y la inspiración definitiva para concluir su trilogía literaria, decide emprender un viaje hacia un remoto rincón de la Irlanda rural: The Bilberry Woods Hotel.

​Este hostal, lejos de ser un refugio idílico, es el mismo lugar donde sus padres pasaron su luna de miel décadas atrás. Ohm llega allí con la intención de esparcir las cenizas de sus progenitores, pero lo que encuentra es un entorno dominado por el aislamiento y las macabras historias del personal local. Pronto, los relatos sobre una antigua bruja que acecha la suite nupcial dejan de parecer simples leyendas para turistas y comienzan a manifestarse en forma de visiones perturbadoras, desapariciones inexplicables y una opresión psicológica que amenaza con destruir la cordura del protagonista.


​Adam Scott en un registro brillante y antipático

​El gran acierto de Hokum reside en la elección de su protagonista. Adam Scott abandona el carisma cómico o la contención de sus papeles televisivos habituales para encarnar a un hombre profundamente cínico, huraño y herido. El personaje de Ohm Bauman no busca agradar a nadie; se muestra rudo con los trabajadores del hotel y prefiere regodearse en su autocompasión.

​Sin embargo, gracias al magnetismo de Scott, esta antipatía no aleja al público. Al contrario, aporta un toque de humor negro muy sutil y vuelve su descenso a la locura mucho más humano. Cuando el escepticismo de Ohm empieza a resquebrajarse ante lo sobrenatural, la tensión se vuelve palpable.

​El reparto secundario —con rostros como Peter Coonan, David Wilmot y Florence Ordesh— funciona a la perfección como el lienzo folclórico que rodea al extranjero. El dueño del hotel y los empleados actúan como narradores de una macabra historia de fogata, atrapando a Ohm (y a nosotros) en una red de mitos locales que huelen a humedad, tierra mojada y superstición ancestral.


​Dirección y Atmósfera: La maestría del ritmo y el diseño de sonido

​Si algo ha demostrado Damian McCarthy en su filmografía, es que sabe filmar el espacio. El hotel Bilberry Woods se convierte en un personaje más de la trama. A través de una cinematografía de tonos apagados y un uso soberbio de las sombras, el director transforma pasillos angostos y habitaciones antiguas en un auténtico laberinto mental.

​La película no tiene prisa por explotar, pero tampoco se duerme en los laureles del llamado "slow burn" (terror de fuego lento). En su lugar, el montaje a cargo de Brian Philip Davis genera un ritmo asincrónico: pasamos de la quietud absoluta y la contemplación del entorno a imágenes de choque que cortan la respiración en apenas un parpadeo.

​Mención aparte merece el diseño de criaturas y el apartado sonoro. Cada crujido de la madera, el viento azotando las ventanas de la campiña irlandesa y los silencios incómodos construyen una atmósfera de pesadilla pura. Cuando las manifestaciones físicas de la bruja o los traumas de Ohm aparecen en pantalla, lo hacen mediante efectos prácticos e imágenes perturbadoras que se quedan grabadas en la retina mucho después de que aparezcan los créditos.


​El "Hokum" narrativo: ¿Truco barato o genialidad meta-textual?

​Es aquí donde la película dividirá las aguas entre los aficionados más puristas del género. Hokum está repleta de los famosos jump scares (sustos repentinos con subidas de audio). En manos de un director descuidado, esto podría percibirse como un recurso barato. No obstante, McCarthy parece jugar activamente con el propio significado de la palabra Hokum. Hay una capa meta-narrativa muy sutil: el protagonista es un escritor que manipula las estructuras del misterio, y el propio director manipula las herramientas del horror para guiñarle el ojo a la audiencia.

​A mitad de camino, la cinta se convierte en una colisión de tres líneas argumentales distintas: la culpa real del duelo, la mitología de la bruja y el misterio detectivesco de una desaparición en el hotel. Hacia el clímax, la trama se vuelve caótica y, para algunos, puede resultar un tanto desordenada o carente de una lógica narrativa estricta. Pero en el cine de terror de McCarthy, exigir explicaciones racionales suele ser un ejercicio estéril; lo que importa es el impacto de la pesadilla y cómo resuena en los miedos más primarios del ser humano.


​Conclusión: Una cita obligada para los amantes del género

Hokum (2026) confirma que Damian McCarthy no fue una sorpresa pasajera, sino un realizador con una voz clara y una capacidad envidiable para incomodar. Aunque su guion pueda parecer imperfecto o apresurado en sus resoluciones, la película cumple con creces su principal cometido: asustar de verdad, envolviendo al espectador en un folclore irlandés denso y malicioso.

​Es una obra disfrutable tanto para quienes buscan la adrenalina del susto inmediato como para quienes aprecian la construcción de mundos y los relatos clásicos de fantasmas al calor de una fogata. Si vas a verla, te aconsejamos hacerle caso a los críticos que ya pasaron por las salas: mejor búscala en una función de tarde si no quieres pasar la noche en vela mirando fijamente las esquinas oscuras de tu habitación.


A favor (Pros)

En contra (Contras)

La actuación de Adam Scott, que borda el papel de escritor huraño en su primera gran incursión en el horror folk de este estilo.

Cierta desconexión en el guion hacia el tercer acto, donde se acumulan demasiadas subtramas simultáneas.

La atmósfera opresiva del hotel, lograda gracias a un sobresaliente diseño de producción y de sonido.

El exceso de sustos repentinos puede llegar a agotar a los espectadores que prefieran un terror puramente psicológico.

El diseño de producción y efectos prácticos que dotan a la película de una textura tangible y sumamente terrorífica.

Las motivaciones de algunos personajes secundarios quedan un tanto desdibujadas al final.











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