CRÍTICA: NOCHE DE BODAS 2
Si la primera entrega nos dejó claro que sobrevivir a una cena familiar con los suegros podía ser un deporte de riesgo extremo, Noche de bodas 2 (Ready or Not 2: Here I Come) eleva la apuesta multiplicando el salvajismo, el humor negro y el número de psicópatas por metro cuadrado. Radio Silence vuelve a ponerse detrás de las cámaras para demostrar que la fórmula de la "novia ensangrentada" no fue un golpe de suerte. Esta secuela arranca de manera literal un segundo después del final de la anterior, lanzándonos sin anestesia a una competición global de proporciones mitológicas. Es frenética, es divertidísima, es un absoluto festival del gore... aunque, de nuevo, vuelve a flaquear en un tramo final que empaña un viaje que iba para sobresaliente.
La película no pierde el tiempo en explicaciones innecesarias. El lore se expande: ya no es solo la desquiciada dinastía Le Domas, sino un entramado de cuatro familias de la élite mundial compitiendo por un trono de poder absoluto mediante rituales sangrientos. La escala es mucho mayor, las trampas son más ingeniosas y el ritmo es un tiro. La dirección clava esa atmósfera de comedia de terror donde tan pronto estás horrorizado por una mutilación salvaje como partiéndote de risa por un chiste absurdo en medio de una pelea a vida o muerte.
Pero si algo eleva esta secuela por encima de la media es su trío de ases femenino. Hablemos de las actrices protagonistas, porque son el verdadero motor de la función. Samara Weaving vuelve a coronarse como la reina indiscutible del slasher moderno. Su compromiso físico con el papel de Grace es de otro planeta; nadie en el cine actual tiene un grito tan visceral, desgarrador y cargado de rabia como el suyo. Sigue destilando ese carisma magnético de heroína cansada de sufrir, pero dispuesta a reventar a quien haga falta. A su lado, la incorporación de Kathryn Newton como Faith, su hermana distanciada, es un acierto total. La química entre ambas es eléctrica: Newton aporta una frescura y una ligereza cómica perfectas, sirviendo de contrapeso ideal para la brutalidad de Weaving. Verlas formar equipo mientras intentan sobrevivir a la carnicería es, sin duda, lo mejor del metraje.
Y por supuesto, el plato fuerte para los nostálgicos del género: la aparición de la grandísima Sarah Michelle Gellar. Qué absoluto deleite es volver a ver a la mítica Buffy Summers devorando la pantalla, esta vez en la piel de la retorcida Ursula Danforth. Gellar abraza el papel con una elegancia maquiavélica fascinante; se nota que se lo está pasando en grande interpretando a una villana fría, sofisticada y letal. Cada vez que aparece en escena roba el plano por completo con una sola mirada de desprecio o una línea de diálogo cortante. Su presencia le da un estatus de culto inmediato a la película y es un regalo maravilloso para los fans del terror de los noventa.
Lamentablemente, no todo el monte es orégano. El gran problema de la película reside en su resolución. El final me ha dejado bastante frío. En su empeño por cerrar la competición por todo lo alto y justificar la escala de las "cuatro familias", el clímax se vuelve atropellado, caótico en el mal sentido y excesivamente dependiente de giros de guion que rozan la caricatura. Se siente como si hubieran construido un castillo de naipes espectacular durante hora y media para luego derribarlo con prisa en los últimos diez minutos. Falta esa catarsis limpia y satisfactoria que tan bien funcionó en la primera entrega.
A pesar de ese tropezón final, el viaje es una auténtica gozada. Una secuela violenta, gamberra y desatada que se sostiene gracias a un reparto femenino en estado de gracia y al glorioso regreso de un icono como Sarah Michelle Gellar.
Resumen de lo mejor y lo peor
Lo Mejor:
- Las protagonistas: La brutalidad de Samara Weaving y la energía de Kathryn Newton forman una dupla brutal que sostiene toda la película.
- El regreso de Sarah Michelle Gellar: Está espectacular como villana; derrocha carisma, elegancia y una maldad divertidísima.
- El ritmo y el gore: Es un no parar de acción gamberra, muertes creativas y un humor negro hiperactivo que funciona de maravilla.
Lo Peor:
- El clímax: El desenlace resulta acelerado, algo caótico y no termina de dar una resolución a la altura de la tensión acumulada.
- Exceso de ambición en el Lore: Al expandir tanto el universo de las familias de la élite, la trama se enreda de más en el tramo final, perdiendo parte de la frescura simple de la primera entrega.

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