CRÍTICA PELÍCULA: SEND HELP (SIN SPOILERS)

 


​¡Por fin! Tras años de espera y de desear que el gran maestro del terror más gamberro regresara a sus raíces más puras, Sam Raimi vuelve a ponerse detrás de las cámaras con Send Help. Después de su paso por el universo de los superhéroes, el director de Evil Dead y Arrástrame al infierno nos demuestra que no ha perdido un ápice de su pulso para hacernos sufrir, gritar y, por qué no, soltar alguna que otra carcajada nerviosa. Definida como un cruce bastardo entre Náufrago y Misery, la película nos encierra en una isla desierta que dista mucho de ser un destino vacacional. El resultado es un ejercicio de supervivencia asfixiante, gamberro y cargado de adrenalina que, aunque vuelve a tropezar levemente en su desenlace, se disfruta de principio a fin.

​La premisa es de una sencillez tan efectiva que asusta: tras un accidente aéreo, una empleada de éxito y su insoportable jefe terminan varados en una isla paradisíaca y completamente aislada. El problema no es solo sobrevivir a los elementos, al hambre o a la sed, sino el hecho de que uno de los dos esconde una faceta psicópata que convertirá el entorno en un auténtico juego del gato y el ratón. Raimi aprovecha este escenario minimalista para dar una clase magistral de ritmo cinematográfico. La tensión no se cuece a fuego lento; explota casi desde el primer tercio y te mantiene pegado a la butaca viendo cómo el paraíso tropical se tiñe de rojo sangre.

​Visualmente, Send Help es un deleite para los nostálgicos del director. Olvidad los planos limpios y estériles del cine de estudio actual; aquí Raimi recupera sus míticos movimientos de cámara imposibles, esos zooms agresivos, los contrapicados extremos y una fisicidad que casi te hace sentir la arena, el sudor y el dolor de los protagonistas. La atmósfera es opresiva a pesar de desarrollarse a plena luz del día en espacios abiertos, un mérito absoluto de la dirección de fotografía que transforma la belleza de la isla en un laberinto claustrofóbico. Las dosis de violencia son generosas, creativas y dolorosas, manejando ese equilibrio tan sutil entre el gore más crudo y el humor negro que solo este director sabe facturar.

​El peso de la función recae sobre un reparto reducidísimo, y la jugada sale redonda. La química (o más bien la brutal hostilidad) entre los dos protagonistas sostiene la narrativa con una fuerza arrolladora. Los arquetipos del mundo corporativo se desmoronan a los pocos días de pisar la arena, dando paso a una lucha por la dominación salvaje que funciona muy bien como metáfora del entorno laboral llevado al extremo de la locura. Ver la evolución de los personajes, cómo caen las máscaras sociales y emerge el instinto más primario, es uno de los mayores atractivos del visionado.

​Sin embargo, y siguiendo la tónica de los últimos thrillers de género, el tercer acto me ha dejado un sabor de boca agridulce.

​Durante la primera hora y media, la película es un mecanismo de relojería impecable, directo y brutal. El problema llega cuando se acerca la resolución y el guion siente la necesidad de meter un par de giros argumentales excesivamente melodramáticos y forzados. En lugar de optar por un clímax salvaje y orgánico que fuera acorde con la carnicería previa, la historia se enreda en un desenlace un tanto predecible y apresurado que rebaja la fuerza del conjunto. Es como si el guion se hubiera asustado de su propia mala leche en los últimos diez minutos y hubiera decidido tomar el camino más cómodo.

​A pesar de ese tropezón final, Send Help es un regreso a la forma divertidísimo y una cita obligatoria para cualquier amante del cine de terror y supervivencia. Sam Raimi demuestra que con pocos elementos, una cámara y mucha imaginación sigue siendo el rey de la barraca.


Lo Mejor:

  • La dirección de Sam Raimi: Sus característicos movimientos de cámara y su pulso para el suspense gamberro elevan por completo la película.
  • Tensión minimalista: Lograr que una isla abierta se sienta como una habitación claustrofóbica es un triunfo absoluto de la atmósfera.
  • El ritmo: Va al grano, no se anda con rodeos y encadena escenas de supervivencia extrema con un humor negro muy bien medido.

Lo Peor:

  • El desenlace: El tramo final recurre a soluciones un tanto manidas y convencionales que restan impacto a la brutalidad del resto de la cinta.
  • Giro forzado: Ciertas revelaciones del guion de cara al clímax se sienten metidas con calzador para justificar el enfrentamiento final.



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