CRÍTICA CINE: LA MOMIA DE LEE CRONIN (SIN SPOILERS)

 

​Si alguien pensaba que el cine de monstruos clásicos estaba muerto y enterrado tras los últimos intentos fallidos de Hollywood, es porque no contaban con el factor Lee Cronin. El director que nos dejó temblando en la butaca con Posesión infernal: El despertar (Evil Dead Rise) asume ahora los mandos de una de las franquicias más míticas del terror de aventuras: La Momia. Olvídate por completo del tono de comedia familiar y mamporros de los noventa con Brendan Fraser, y por supuesto del desastre de Tom Cruise. Cronin se lleva el mito de la venda y la maldición a su terreno, facturando una película asfixiante, sangrienta y cargada de pura tensión que, a pesar de tropezar ligeramente en sus últimos minutos, se convierte en la mejor resurrección del monstruo en décadas.

​La premisa rescata la esencia del mito clásico pero dándole una vuelta de tuerca mucho más urbana y claustrofóbica. En lugar de grandes desiertos arqueológicos y expediciones bajo el sol de Egipto, la trama nos encierra en un entorno moderno y opresivo donde el despertar de la criatura se convierte en una auténtica pesadilla de supervivencia. Cronin demuestra desde la primera escena que lo suyo es el terror físico y visceral. El ritmo no te da un solo respiro: la película arranca con fuerza y va encadenando secuencias de una intensidad brutal, donde la maldición egipcia no se manifiesta con plagas digitales de saltamontes, sino a través de una violencia explícita, infecciones corporales que revuelven el estómago y una atmósfera lúgubre que te mantiene pegado al asiento.

​Visualmente, la película es una auténtica delicia para los amantes del cine de terror moderno. Cronin renuncia a la pirotecnia digital excesiva y apuesta fuerte por los efectos prácticos, el látex y un diseño de la criatura que da auténtico pavor. Su Momia no es un villano acartonado que ruge a la cámara; es una entidad implacable, ágil y letal que se mueve entre las sombras destrozando todo a su paso. La dirección de fotografía juega de maravilla con la oscuridad, los espacios cerrados y los tonos tierra, transmitiendo esa sensación constante de que los protagonistas están atrapados en una tumba de hormigón de la que es imposible escapar.

​El reparto cumple con nota, defendiendo a unos personajes que, por una vez en este tipo de cine, no se comportan como idiotas para que avance la trama. El sufrimiento y el pánico de los protagonistas traspasan la pantalla, logrando que te importen lo suficiente como para que sufras con cada persecución. El guion, además, se toma lo suficientemente en serio a sí mismo como para generar terror real, pero sin olvidarse de meter algún que otro destello de humor negro muy bien tirado para aliviar la presión justo antes del siguiente susto.

​Sin embargo, y como ya viene siendo casi una tradición en los thrillers de género recientes, el tramo final me ha dejado con un sabor de boca agridulce.

​Durante sus dos primeros actos, la película es un mecanismo de relojería impecable que maneja el suspense y el gore con una maestría brutal. El problema llega cuando toca cerrar la historia y resolver el enfrentamiento definitivo. El clímax se vuelve un pelín atropellado y caótico, recurriendo a un par de giros argumentales un tanto forzados y a soluciones un pelín convencionales que rebajan la fuerza de todo lo que habías visto antes. Da la sensación de que, tras construir una atmósfera tan sumamente bestia y original, el guion se vio obligado a encajar el desenlace en los moldes más tradicionales del cine de estudio para dejar la puerta abierta a posibles secuelas.

​A pesar de ese bajón en el último tercio, el balance global es sobresaliente. La Momia de Lee Cronin es una gamberrada terrorífica, tensa y divertidísima que devuelve al monstruo el respeto y el miedo que se merecía. Si buscas una película que te haga morderte las uñas y pasar un rato de tensión de la buena, prepárate, porque esta maldición te va a atrapar por completo.

Lo Mejor:

  • La dirección de Lee Cronin: Consigue llevarse el mito clásico a su terreno más salvaje y visceral, regalándonos momentos de auténtico infarto.
  • Efectos prácticos brutales: El diseño de la Momia y el uso del gore realista son un espectáculo total que huye del abuso del CGI.
  • Atmósfera y ritmo: La película va al grano desde el principio, transformando la ambientación en una ratonera asfixiante y sin descansos.

Lo Peor:

  • El desenlace: Al igual que le pasaba a Scream 7 o Send Help, el tramo final resulta un pelín acelerado, convencional y menos inspirado que el resto del metraje.
  • Giros forzados: Ciertas explicaciones de la mitología de cara al clímax se sienten metidas con calzador para cerrar la historia rápido y dejar el terreno abonado para el futuro.


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